AQUEL DÍA DE VERANO

El sol brillaba redondo,

como un seno de mujer.

Aromas de cacao en el viento

desbordaban las palabras

y mitigaban los gestos,

de un encuentro entre vaivenes

de alta y de baja mar.

 

Desde lejos te miraba,

desde lejos te veía.

Habían pasado tres años

desde que ocurrió aquel día.

Nuestro amor de aquel verano,

ahora corría entre risas,

y chapoteaba en las aguas

que levantaba la brisa.

 

Su pelo, al mio me recuerda.

Y sus ojos, a tu risa,

pero el calor de aquel día

fue un amor que pasajero,

a ti te lleno de vida,

y a mí, eterno viajero,

de una extraña mezcolanza

de nostalgia, de amor … y miedo.

 

Y es que esta luna de agosto,

cálida en brillante fulgor,

derrite, con tropical picardía,

los hielos, en que ocultaba,

mis recuerdos de los días

en que eras hembra preñada,

y yo el amante sombrío

oculto a cualquier mirada.

 

Y ahora, en una tórrida tarde,

tórrida tarde tardía,

solitario y vacilante,

busco una cala vacía

donde unir las sales del mar

a estos viejos llantos míos,

tratando ¡Infeliz de mí!

de renunciar a mi antojo,

el de un beso, de uno tan solo,

sin sabor … y envenenado,

pero que sirva de adiós,

a aquel día de verano.

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