YO Y MI YO

YO … y mi yo

Es como una neblina en un amanecer montañoso.

O más bien … es un “en-neblinarse”, un difuminarse los bordes de algo hasta hace poco muy sólido.

Esa segura seguridad de …  yo.

Difuminarse bordes que no existen, en torno a algo que no es.

Aún no desaparece, no del todo.

Solo se difumina, nebulosamente … se “en-neblina”.

Al decir yo, hay un trasfondo de inmensidad.

Al decir yo, se experimenta una sensación de infinito.

Cuando se ve el no-yo, no se sabe con exactitud dónde comienza.

Las fronteras dejan de ser fronteras

Una sensación de amor asustado arropa la existencia

La vida comienza a experimentarse, todo el tiempo, como un mirar desde lágrimas

Neblinosas, “en-neblinadas” … difusas …

un fluir deshaciéndose.

Des-hacer solo por no hacer, por dejar de hacer.

Y envolviéndolo todo ese estremecedor conocer de

agradecer, agradecer y …  agradecer.

Las lágrimas cubren el mirar, lo anteceden

Son lágrimas de amor hecho materia

Es tocar lo eterno con la mirada

Por eso hay lágrimas, y agradecer y agradecer …

Y el yo se disuelve, o crece, o nunca fue, o siempre será.

Bordes nebulosos, ausencia de fronteras

-Yo- ya no es … o es todo

-Yo- no termina, porque nunca comenzó

Y la vida se en-neblina con las lágrimas de un amor que todo lo abarca.

Amor asustado, lleno de miedo por tanta inmensidad.

Agradecer, agradecer, agradecer                                                                          

Héctor G. Gómez G.

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