ANIMAL AMANTE (ANIMALIS AMANS)

Toda época es propicia para conversar un poco sobre esa extraña y misteriosa energía que llamamos amor.

 

Lo primero que habría que comentar es que el amor, es más, mucho más, que la simple decisión de compartir en pareja, que es en lo que habitualmente se piensa al utilizar la palabra amor.

 El amor, es una energía poderosa que impregna a todo el universo. Es lo que une, acerca, abraza, fusiona, pega, vincula, funde, ata, anuda, compromete, aproxima, suma, incorpora, genera y, fundamentalmente, crea. Es el vínculo entre las galaxias que se aproximan y los planetas que orbitan. Es compromiso que acerca a los amantes y es la conjunción de los átomos para generar moléculas.  Es la atadura de dos miradas, el enlace de dos proyectos, el empalme de dos caminos, el nexo con los valores, es el maridaje de un abrazo y la cópula de un comienzo.

Definir lo que es querer y amar, ha escapado a definiciones tanto científicas como poéticas, por ser siempre estrechas y pretender delimitar lo que por esencia es ilimitado.

Definitivamente, el amor es lo que le da sentido a la existencia. Es ese fundamental intangible que llena de respuestas todas las preguntas. La vida sería una sucesión de días vacíos si el amor no estuviera presente.

Dios, (muy probablemente) se percató muy rápido de esa situación. Y cuando tomó la decisión de manifestarse en forma de materia, supo que había creado el infierno si no hacía algo al respecto, ¡y lo tenía que hacer urgentemente!  porque ya Él se había expresado a sí mismo en forma de tiempo. Fue por ello que, de manera inmediata, inherente a su manifestación material, permitió que se colara en la aridez de la materia, un destello de su amor infinito para que se infiltrara en toda la creación del universo.

Fue esta benevolente acción Divina la que hizo que los seres humanos tuviéramos acceso a un trocito de cielo en lo que no sería sino un yermo estéril e infecundo en una cotidianidad sin amor.

¿Se pueden imaginar cómo sería un mundo en el cual el amor no existiera en lo absoluto?  ¿Acaso es concebible la existencia, día tras día, sin dar o recibir amor jamás?  Definitivamente sería algo realmente desolador y pavoroso.

Y, sin embargo, en nuestra ceguera, muchos miembros de nuestra especie niegan la fundamental trascendencia del amor en el acontecer humano.

La definición aristotélica de ser humano como Animal racional que derivó en la desafortunada clasificación de “homo sapiens”, debería cambiarse desde ya y para siempre a “ Animal amante”; lo cual nos llevaría a clasificarnos con una condición más afín a nuestra condición de humanos y nos autodenominaríamos  “Animalis amator”  o mejor, tal vez:  “Animalis Amans”

Ya ha sido demostrado hasta la saciedad, que nuestra supuesta razón de la que tanto nos enorgullecemos, no ocupa sino un lapso de tiempo ínfimo en el suceder cotidiano de nuestras vidas. Pero, por el contrario, ¿cuánto tiempo no ocupa en nuestras vidas el amor y sus aconteceres? 

Es verdad que todo lo que existe en general y en los seres vivos en particular, está imbuido de esa esencia divina llamada amor. Cierto es que los seres vivos, principalmente, experimentan el sentimiento de unión o atracción propio del amor, y que cuanto más cerca están de lo humano a nivel biológico, más son capaces de experimentar el sentimiento amoroso. 

Pero, es en los humanos donde la experiencia amatoria adquiere su dimensión de fundamental trascendencia; pues es a través de él, por medio de él, como podemos dar el salto a nuestro siguiente nivel evolutivo.  Querer, amar, definitivamente, nos acerca a la Divinidad, pues experimentar el amor, es la experiencia más cercana que tenemos para saber de qué se trata estar en un nivel más alto en la cadena de evolución del universo. 

 Cualesquiera otros seres que podamos imaginar o concebir, que compartan este universo en el cual existimos, deben experimentar, por lo menos la misma sino más, una forma de aproximación amorosa similar a la humana, para poder ser considerados semejantes. Lo que nos haría iguales, más incluso que poseer una capacidad deductiva lógica lineal, sería la capacidad de abstracción que lleva inherente la posibilidad de experimentar el amor.

En el mundo de las polaridades, en el código binario en el cual procesa la información nuestra mente de manera habitual, el amor es luz, desarrollo, crecimiento, evolución, y vida…es Dios. Su ausencia es oscuridad, carencia, privación, penuria, muerte…es ausencia del contacto consciente con Dios.                  

Lo mejor de cada uno de nosotros surge del sentimiento amoroso. Lo más sombrío y destructivo aparece como consecuencia de no contactar con el amor.

En nuestro nivel de existencia, el amor es lo más cercano a Lo Divino con lo que podemos contactar, por ello el amor va unido a la felicidad y su ausencia a la amargura.

Con amor y en amor, las penas de lo cotidiano se matizan y se sobrellevan con armonía y dignidad. En su carencia, la vida se experimenta como la expresó Shakespeare en Macbeth “… una historia contada por un idiota, llena de estruendo y furia, que nada significa”       

Sirva este artículo tan serio, pero escrito en tono un tanto informal, para exhortar a todos los lectores a ser conscientes del increíble milagro que es el amor y a ponerse prestos y decididos tanto a darlo como a recibirlo.

                                                                                                 Héctor G. Gómez G.

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